Nosotros lo llamamos Kilómetro J

27 de noviembre de 2020by We are bow
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Este señor es el origen de todo. Se llama Joan y lleva más de  dos décadas cultivando hortalizas en su pequeño huerto del Maresme. Probablemente no sabrías de su existencia sino fuera porque hoy es el protagonista absoluto de la primera entrada de nuestro nuevo blog.  No es famoso, no tiene una cuenta de Instagram, sabe a duras penas lo que es Twitter y si le mencionas Tik Tok pone cara de no entender nada. Pero tiene las mejores lechugas que puedas imaginar. Y las cuida con el mismo esmero que tú pones en tu foto de perfil de Facebook. A cada uno lo suyo.

Gracias a este payés, que se levanta cada día a las 6h de la mañana mientras tú sigues tonteando con la almohada, el bowl ha entrado en tu vida. Joan es feliz mimando sus brócolis porque lo ha hecho toda su vida. Cuando tú dudabas de si estudiar bellas artes o marketing, él ya sabía que quería ser agricultor. Porque lo habían sido sus padres y sus abuelos. Generación, lo llaman.  Fue mecánico durante más de una década, pero la cabra tira al monte. Y desde hace 25 años se dedica en cuerpo y alma a lo que de verdad ama: cultivar hortalizas y verduras. Para que luego tú te las comas con la misma ilusión que ha puesto él en mimarlas. Kilómetro 0 lo llaman algunos. Nosotros lo llamamos kilómetro J.

Os vamos a contar un secreto. El día que le hicimos esta foto, acababa de recoger unos tomates y confirmamos lo que ya sabíamos: que no hay un mejor proveedor para Bow.

Tiempo atrás, un mañana de otoño, le explicamos que sus brócolis iban a acabar junto a una pieza de salmón o de atún nos miró con cara de póker. No había oído la palabra  Bowl en su vida. Él es más de tortillas de huevos de gallinas criadas al aire libre, de verduras con olor a tierra mojada y de sardinas a la plancha. Le contamos que es una comida de origen hawaiano y que ha venido para quedarse. Le explicamos que es sana y que combina con sabiduría proteínas y vitaminas. Nos miraba con atención porque todo lo que huele y sabe a sano le interesa. Tanto, que nos propuso un intercambio. “Vosotros me traéis uno de esos boles o como se llamen y yo, a cambio, os hago una selección de mis mejores lechugas”. Era una broma. Pero fue el origen de todo.

Gracias, Joan.


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